viernes, 31 de mayo de 2019

PUBLICACIÓN SEGUNDO PREMIO INFANTIL CERTAMEN LITERARIO 2019






Clara Rámirez Gómez
Título.- ¿QUÉ PASARÍA... SIN LOS LIBROS?
Madrid.





¿Qué pasaría sin ...
      
                           los libros?



       Daniel era un chico muy vago. Siempre prefería jugar al fútbol o a la play antes que 

hacer los deberes o leer un libro. Un día, aburrido de hacer deberes, Daniel decidió ir a 

la tienda de la señora loca del bajo C, Barbaret.

        Una vez en la tienda, Daniel cotilleó por pasillos, estantes y vitrinas. Vio libros, joyas

juegos...De improviso, Daniel paró de golpe. Tornó la cabeza hacia una vitrina y fijó la 

vista en una pieza que (según el cartel) era única.

- ¡Hey, Daniel! ¿Qué miras? ¿Te ha gustado mi pieza única de una malaquita azul en 

bruto?

- Si, eso parece, Barbaret.

-Oye, chico. Si quieres te la puedes quedar.

- ¿De veras?

- Cógela. Tengo que irme, los espíritus me llaman...

       Daniel no sabía si hacerle caso a una loca, pero, antes de darse cuenta, tenía la piedra

preciosa entre las manos.

       Se dispuso a salir de la tienda, pero, repentinamente se detuvo. Había percibido unas

chispas saliendo de la piedra preciosa. La miró con más atención. Más chispas salieron 

de la piedra, pero enseguida dejaron de salir.

       Daniel, algo extrañado por esto último, continuó andando hasta que llegó a la puerta

de su casa. Iba a abrir con las llaves que le había robado a su madre, cuando sintió una 

descarga. Inmediatamente soltó la malaquita. Le sorprendió mucho aquello. Cogió la 

gema, abrió la puerta de su casa y avanzó hacia su habitación, sin hacer el menor ruido.


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       Al llegar a su cuarto, cerró la puerta con pestillo y se sentó la cama, cogiendo su

lupa. Ahí investigó detenidamente la piedra preciosa. No encontró nada fuera de lo 

normal con respecto a otras gemas que había investigado en el colegio.

       De pronto, llamaron a la puerta. Era su madre.

- Daniel, ¿has hecho ya los deberes?

- Emm... Estoy en ello...

       Rápidamente, guardó la malaquita bajo la almohada y se puso a hacer los deberes.

Al cabo de diez minutos, estaba harto.

- ¡Ag! ¡Qué pesadilla! Ojala no existiesen los libros, así no tendría que copiar este maldito 

capítulo.

       Un resplandor surgió de debajo de la almohada. Daniel se acercó lentamente, levantó

la almohada y ahí estaba la malaquita, tal y como la había dejado.

       Al cabo de una hora, Daniel estaba cenado en su habitación terminando los 

deberes a regañadientes. Al terminar los deberes se fue a la cama.

       A la mañana siguiente Daniel revisó su mochila para ver si había terminado todos

los deberes y se encontró con una sorpresa. Resultaba, que sus libros ¡no estaban!

Miró su estantería , y sus comics ¡habían desaparecido! Fue a la cocina a preguntarle

a su madre si ella había cogido sus libros.

- ¡Qué tonterías dices, Daniel! ¿Libros? ¿Qué es eso?

- ¡Mama! Esa cosa que no me gusta nada, con hojas, letras, tapa, lomo y... lo demás.

- Déjate de bromas y vístete, no vaya a ser que te pierdas la excursión con el tío.

- ¿Excursión con el tío? Pero... ¿y el colegio? ¡Hpy ibamos a diseccionar una rana!

- ¿Qué dices hijo? Anda vístete ya.


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Daniel no tuvo más remedio que irse a su habitación a vestirse con ropa de calle.

       Al dejar el pijama bajo su almohada se dio cuenta de que la malaquita había

cambiado, ahora era verde, No lo entiendo. De súbito, se le ocurrió una idea: ir a

preguntarle a Barbaret. Cogio la malaquita, ahora verde, y bajó a la tienda de Barbaret.

       Al llegar corrió a preguntarle a Barbaret sobre qué hacer para que los libros volvieran.

- La malaquita es mágica, puedes pedirle un único deseo y al día siguiente se cumplirá sin

ninguna duda.- Explicó Brbaret- La forma de devolver todo a la realidad en caso de que

te hayas equivocado de deseo es regalarle la gema a una persona cualquiera,

aproximadamente de tu misma edad. Esa niña de ahí fuera parece perfecta para regalarle 

la malaquita.

       Daniel se dio la vuelta y vio a una niña de pelo negro y ojos azules, más o menos de

su edad. Sin pensárselo dos veces, fue corriendo a ella.

- Emm... Tú, ¿te apetece tener una gema tan guay como esta?

- Pues...si, claro, es bonita.

La niña  cogió la piedra preciosa. Daniel sintió un cosquilleo y sonrió.

- Bueno, pues... adios... emm...

- Elena.

- Adios, Elena.

        Daniel, ansioso, se fue corriendo a su casa. Cuando iba a entrar a su habitación su

madre le vio y le mandó ir a vestirse rápidamente con la ropa del colegio.

       Daniel entendió de inmediato que eso significaba que ¡los libros habían vuelto!


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