SANTA TERESA DE JESÚS, PATRONA DE ANTARES
Santa Teresa entre el fervor místico y el carácter
tenaz
La figura de Santa Teresa siempre despierta interés y si es Carmen Teresa Sánchez-Gil, profesora de Legua y Literatura en el IES Isabel Perillán y Quirós de Campo de Criptana, quien nos acerca su figura literaria, apoyada en la vida de la santa y más de una y dos anécdotas, la tarde se convierte en un rato de lo más agradable e ilustrativo.
Santa Teresa de Jesús fue Teresa
de Cepeda y Ahumada (1515.1582) una de las mujeres más grandes de la literatura
y la historia de España. Una de las máximas figuras de siglo de Oro español y
del misticismo.
Carmen Teresa nos explicó las dos
ramas religiosas y literarias del Siglo XVI. Por una parte, los ascetas, como
Fray Luis de León, quienes buscaban a Dios por la vía iluminativa. Santa Teresa
y San Juan de la Cruz iban más allá buscando la unión con el Creador hasta
llegar al estado de misticismo. Era el camino de los místicos.
Desde el principio nuestra
profesora nos presentó a la santa como una mujer ilustrada para sus tiempos,
leída, en un principio con libros de caballería que su madre le daba, y muy
adelantada a sus tiempos. Una mujer tenaz y persistente en medio de un mundo de
hombres que le llevó a no ser entendida por políticos de su tiempo y por la
Iglesia. Tampoco lo fue por su propia familia de la que sí recibió mucho mimo.
De hecho, era una mujer difícil
de entender con muchas contradicciones y con poca salud. Como nos decía Carmen
Teresa “una mujer malona” por sus enfermedades llegando a darla por muerta. Se
le atribuyen milagros y que sabía calmar malos espíritus.
Pero si Teresa de Cepeda es Santa
Teresa de Jesús no es por sus enfermedades, lo es por su continua búsqueda de
Dios lejos de cualquier tipo de imposición. Una vida de camino hacia la Verdad
y la unión con la Divinidad. Todo un proceso de años de sufrimiento, dolor e
incomprensión.
Es ya cerca de los 40 años cuando
vive la experiencia del misticismo y ese llamado arrebato divino y de
matrimonio con Dios. Es entonces cuando entiende su misión: sus fundaciones, la
fundación de la Orden de las Carmelitas Descalzas y evitar que la fe se
resquebrajase con la llegada del protestantismo.
Una vida de éxtasis que no le
impidió a Santa Teresa mantener también los pies en la tierra. Supo hacer
frente a las dificultades para poner en marcha la fundación de las Carmelitas
Descalzas en muy diversos puntos de España buscando la vuelta a la austeridad,
humildad, sencillez y el silencio para la oración.
Una literatura complicada
Santa Teresa se enfrentaba al
gran problema de cómo que explicar lo inexplicable. ¿Cómo escribir sobre el
éxtasis divino? ¿Cómo contar la experiencia de la unión con Dios vivida tan
intensamente? Una vivencia que recoge en el libro de “Las Moradas”, obra cumbre
del misticismo y que resulta intenso y complicado. A él se suman otros títulos
sobre aspectos de la vida de la santa muy diferentes: “El libro de la vida”,
“Camino de perfección”, “El libro de las Fundaciones”… Tiene también una
interesante obra poética en la que es muy frecuente el uso de paradojas y
antítesis para tratar de explicar lo inexplicable. Son famosas frases de Santa
Teresa como “Vivo sin vivir en mí” o “Muero porque no muero”.
Santa Teresa, una santa muy de nuestros días
Mercedes
Ramos Pedroche supo de manera entrañable y desde el corazón acercarnos a Santa
Teresa hasta nuestros días, en pleno siglo XXI. Nos acercó una figura humana y alejada
la imagen que de ella se suele tener: una mujer elevada y sólo al alcance de
los muy místicos.
Una charla
que empezaba Mercedes aclarando que para nada es una especialista en Santa
Teresa de Jesús, pero que, como ella, es una enamorada de Jesucristo. Una mujer
extraordinaria, con huella hasta nuestros días y con una vida y mensaje que
llega hasta el hoy. Nuestra amiga Mercedes nos contó muchas cosas de Santa Teresa,
pero lo mejor de todo fue cómo nos lo contó, cómo habló de ella. Llevaba a la
santa de Ávila en el corazón y así nos la hizo sentir a todas las que esa tarde
participamos de la charla. Hablo de ella desde una profunda fe.
Esa tarde
todas nos acercamos a una Santa Teresa muy humana y sobre todo a una mujer, que
en tiempos en los que poco se escuchaba a las mujeres, supo hacerse oír y
respetar no sin pocos problemas. Buscó a Dios y buscó qué era lo que Él quería
de ella. Encontró respuesta tras mucho sufrimiento y se puso manos a la obra: la
reforma de una orden alejada de sus principios y que transformó el Carmelo, las
Carmelitas Descalzas. Buscó y logró volver a la oración, la pobreza, la
sencillez, el silencio, la fraternidad y a una vida más centrada en Dios. Y ahí
comenzó una de las más grandes aventuras de su vida.
Ese día
estuvimos con la Santa viajera, fundadora, de extraordinaria inteligencia y de
gran sentido del humor. Con una mujer llena de fuerza y una enorme capacidad
para superar dificultades. Porque ella sufrió incomprensión, problemas
económicos, enfermedades, oposición, incluso dentro de la Iglesia. Tuvo miedo,
dudó y se cansó.
Paralelamente
a sus palabras, Mercedes nos proponía participación y reflexión insistiendo en
lo mucho que hay de las enseñanzas de la Santa en nuestros días. Es ejemplo
vivo de que la fortaleza no significa que una persona no tenga dificultades. La fortaleza significa seguir adelante a pesar de ellas. Su
renovación es sinónimo de volver a las raíces para recuperar aquello que nunca
debimos perder. Y para renovar
hay que empezar a caminar y no pensar que otros lo harán.
Santa
Teresa, apostó por las mujeres, creía en ellas. Mujeres de oración y también maduras, responsables y
capaces de crear comunidad y tomar decisiones.
Una mística,
nos explicaba Mercedes, con los pies en la tierra. La fuerza la encontraba en
la oración, una oración que no cierra los ojos a lo que
nos rodea y que nos debe llevar a comprometernos más profundamente con la
realidad.
Teresa, como
se refirió Mercedes a la santa a lo largo de la charla, nos dice claramente que
no tengamos miedo a comenzar de nuevo.
Mercedes nos
invitó a hacernos unas preguntas: ¿para qué queremos nuestra vida? ¿qué hacemos
con nuestras capacidades? ¿a qué causa merece la pena dedicar nuestros
esfuerzos?
Para terminar,
Mercedes nos ofrecía su conclusión: Santa Teresa de Jesús fue una mujer fuerte
y lo fue porque se dejó sostener por Dios. Fue una mujer que soñó y trabajó;
que rezó y caminó; que sufrió y continuó. No se rindió pese a las dificultades
y amó profundamente a la Iglesia y por eso quiso ayudar a renovarla.
Quizá esa
sea la gran enseñanza que nos deja hoy Teresa: “No
tengamos miedo a renovar aquello que necesita ser renovado”








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